Enfrentamientos y movilizaciones, el pan de cada día.
La inestabilidad de nuestro país cada vez se torna más
insoportable. El tema del virus nos afecta como una lluvia de sufrimiento y
luto desde hace más de cinco meses. Como si esta situación no fuera suficiente,
la crisis sociopolítica y sus colores dejan a Bolivia como zona de guerra.
Frente a un panorama de colapso en el sistema de salud,
crisis económica y la pugna de poderes políticos, se suma el miedo colectivo. Enfermar
o no saber que sustento llevar a su familia es el peregrinaje de muchos padres.
Los bloqueos impiden el paso de suministros y le han quitado a más de uno el
alimento de la mesa. Así también, la falta de oxígeno a los pacientes críticos
y el derecho a vivir a los recién nacidos.
Las manifestaciones, los enfrentamientos y el bloqueo
de caminos se han convertido en el pan de cada día. Cada uno bloquea y comete
actos vandálicos por sus propios intereses y cegados por el egoísmo. Unos lo
hacen por obligación y por no pagar multas, otros tal vez por algo de dinero (pagado
por el MAS). Pero, sin importar el porqué de cada quién, la realidad es que al
final todos salimos afectados.
Cada familia tiene sus batallas y lucha cada día para
salir victorioso. Para mejorar la situación, es preciso que la presidenta Jeanine
Añez deje el poder, su gobierno ha demostrado su incapacidad para gobernar y junto
a ello, el cinismo de robar a un pueblo que ya suficiente tiene con la pandemia.
Exigirle intervenir y dar soluciones viables es como esperar que el sol deje de
brillar.

¡Bien, Dania!
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